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LOS AUTORES ANÓNIMOS DEL RAMILLETE DE FLORES - ENTREVISTA & ESTUDIO DEL MANUSCRITO

Entrevista a Joaquim Bogunyà

(Realizada por la Sociedad de la Vihuela y originalmente publicada en su página web, en marzo del 2022, junto al video "La Rivercada 2021" y el estudio "Los Autores Anónimos del Ramillete de Flores")

Joaquim Bogunyá es licenciado en Filosofía y Letras, músico, intérprete de instrumentos antiguos de cuerda pulsada y compositor especializado en el Renacimiento.

Cuenta con una extensa experiencia interpretativa y sobre todo compositiva y la Sociedad británica del Laúd ha publicado varias composiciones suyas, llegando a ganar el primer premio de composición organizado por esta entidad.

 

LOS AUTORES ANÓNIMOS DEL RAMILLETE DE FLORES

Disponible para descarga el análisis del manuscrito de música para vihuela llamado Ramillete de Flores, datado en 1593, por Joaquim Bogunyà Chesa.

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¿Cuál es tu profesión, Joaquim, y tu relación con la vihuela? 

 

Hola. Bueno, mi profesión ha sido, casi siempre, la de la docencia. He tenido también otros empleos, pero el de docente es el que me ha ocupado más años, sobre todo de lenguas extranjeras: principalmente inglés y, ocasionalmente, alemán. Adicionalmente, los centros docentes en los que he trabajado, tanto públicos como concertados, no han dudado en ofrecerme, a lo largo de mi carrera profesional, otras especialidades que impartir, como, por ejemplo, la propia música. Teniendo ya un buen nivel de laúd, vihuela e incluso piano, he llegado a tener que dar clases de flauta, cuando algunos de mis primeros alumnos la tocaban mejor que yo. De hecho, en lugar de enseñarles, creo que yo aprendía más de ellos que ellos de mí (risas).

 

Hace muchos años, al escuchar música de John Dowland por la radio, descubrí, por vez primera, un instrumento y un repertorio que dejarían en mí una huella imborrable. A partir de aquí, un deseo desesperado de adquirir un laúd y buscar un profesor que me enseñara a tocarlo marcarían, para siempre mi trayectoria vital. Inmediatamente, compré discos de música de Dowland y, también por vez primera, un disco de un tal Luys de Narváez. Al escuchar las famosas Diferencias sobre Guárdame las Vacas, se revela ante mí, nuevamente, otro maravilloso instrumento, la vihuela, y otro magnífico repertorio, aparentemente tan complejo y difícil como el del laúd. Además, como “sarna, con gusto, no pica”, no dudé en hacerme con una vihuela cuando se me presentó la ocasión, y eso fue unos años después de haber adquirido ya mi primer laúd. Desde entonces, laúd y vihuela son parte esencial de mi vida.

 

¿Cuál ha sido tu relación con el Ramillete de Flores y por qué decidiste estudiarlo?

 

Lógicamente, cuando adquieres un instrumento, tu primera necesidad es la de conseguir un repertorio y un profesor que te enseñe a interpretarlo. Entre los primeros libros con tablatura original que conseguí, estaba este; en concreto, la que llegó a mis manos fue la segunda edición del Ramillete de Flores realizada por el musicólogo Juan José Rey, al cual yo ya conocía gracias a su programa Música Antigua, de Radio 2. Sin dudarlo, le llevé un día el libro a mi maestro, William Waters. Él me dijo que, para mí, aquello era aún demasiado difícil. Sin embargo, yo me empeñé en estudiarlo. Intuía que ahí, entre tablatura tan maltrecha, había música de una gran calidad, como ya defendía Pepe Rey en el estudio preliminar de su edición del manuscrito, cosa que, hoy en día, ya puedo confirmar. Efectivamente, estoy convencido de que el Ramillete es un auténtico monumento de la música hispánica. 

Hace poco, realicé una grabación en audio de todas las piezas del manuscrito, mas no con la suficiente perfección como para ser publicada. Por ello, tan sólo la he dejado escuchar a mis amigos. Aun así, y gracias a ella, he podido tener, por primera vez, una perspectiva clara del magnífico nivel compositivo al que llegaron los autores de todas estas piezas. Como suelo decir, el Ramillete es una de las obras que han marcado mi vida, y mi relación con el mismo continuará ya para siempre.

 

¿Cuál es tu opinión de esta fuente y cómo crees que podría hacerse conocer por los vihuelistas?

Cualquiera puede acceder al facsímil, por Internet, a través de la página de la Biblioteca Digital Hispánica. La caligrafía del manuscrito, en general, se entiende bien, al menos, en lo que nos interesa a los músicos, que es la parte musical. Eso sí, hay bastantes errores, aparte de las notas musicales que se han perdido debido a un “desmedido” afán de conservación, por parte de algún antiguo funcionario de la Biblioteca Nacional, en un intento de salvarlo de la acción corrosiva de la humedad: el libro fue incorrectamente guillotinado. La parte literaria se ha conservado intacta, pero la parte musical ha quedado parcialmente amputada.

 

Para cualquier vihuelista estudioso, y especialmente para aquellos con poco o ningún dominio de la tablatura y/o de su instrumento, la edición de Pepe Rey constituye una estupenda puerta de entrada al estudio del manuscrito. Contiene un interesantísimo estudio preliminar, además de una reproducción exacta de la tablatura original y una transcripción de las piezas para guitarra moderna, esta sí, con las soluciones que Pepe propone para las lagunas creadas por la guillotina. Ignoro si el libro de Pepe está agotado; de ser así, podría plantearse su reedición.

 

También sería posible pensar en realizar una nueva edición del manuscrito. Para ello, sería imprescindible contar con la colaboración de algún editor.

 

En cuanto a grabaciones de las piezas del Ramillete, creo que se han publicado relativamente pocas. Sí, hay varias que contienen algunas piezas del mismo. Que contengan bastantes, conozco alguna. Que las contengan todas, que yo sepa, a día de hoy, diciembre de 2021, no existe grabación alguna.

 

¿Te sientes más intérprete o teórico de la música?

No, teórico no, para nada. No he desarrollado ninguna teoría musical especialmente nueva, no he creado ningún género musical nuevo, ni tampoco he puesto las bases de una nueva armonía musical. El haber escrito un artículo sobre una obra musical tampoco creo que me convierta en musicólogo. No pretendo, ni jamás he pretendido, realizar “algo nuevo”. Vivo la vida procurando ser feliz y sin perjudicar a los demás. Mi primer impulso fue el de comprarme un instrumento para tocar, pero no en concierto, sino para mí mismo; o bueno, claro: también para mis amigos. Los conciertos llegaron poco después, por lógica evolución. Luego, cuando apenas tenía conocimientos sobre armonía clásica, surgió en mí la enorme necesidad de componer. Empecé a llenar cuadernos y cuadernos… de esos de tamaño cuartilla que venden en las papelerías para los estudiantes de música, ¿sabes? Ahí escribí mis primeros arreglos de obras musicales y mis primeras composiciones para laúd o vihuela, siempre intentando imitar el estilo histórico de otras obras preexistentes, fundamentalmente renacentistas. Algunas de mis obras nacieron con errores; mi formación posterior me ayudó a detectarlos y a enmendarlos después. Otras contenían lo que yo llamo “plagios inconscientes”. De estos, he conservado tan sólo aquellos que duran unos pocos compases. Todos los de una longitud mayor han sido eliminados y sustituidos posteriormente por otros compases nuevos, estos sí, ya cien por cien originales. Bueno; eso de “cien por cien” es relativo; ya que, como bien se sabe, todos somos herederos, de un modo u otro, de la tradición. En mi caso, soy consciente de que me han influido, sobretodo, tres autores: Dowland, Narváez y el divino Francesco.

 

¿Qué razones te llevaron a escribir una obra contemporánea para vihuela?

Bueno, no creo que se trate de una razón consciente. Si estuviera aquí presente Sigmund Freud, te diría que es un intento de sublimación de mis energías sexuales,(risas); y si estuviera Friedrich Nietzsche, te diría que no se puede conceptualizar lo que es un puro impulso vital. Pero bueno, sí que es cierto que, justamente, en este caso, hubo una razón, más allá de lo que las sublimaciones u otros impulsos inconscientes puedan llegar explicar. 

 

La razón consciente por la que empecé a escribir obras para laúd o vihuela fue la necesidad de crear un repertorio propio, ya que las tablaturas que se podían comprar en las tiendas de música eran —aún lo siguen siendo— realmente caras. Sentía una gran necesidad de expresarme musicalmente. Y, dicho y hecho, me puse manos a la obra. 

 

Varias veces he oído a gente experta recomendar la redacción de un diario personal, ya que constituye una muy buena terapia. Mi terapia, en este caso, ha sido la composición. Me ha permitido expresarme personalmente, íntimamente, tal y como soy, sin tabúes ni preconceptos. También me ha llevado mucho trabajo; pero bueno, como ya he dicho antes, “sarna con gusto no pica”.


De todos modos, si te estás refiriendo a las últimas obras que he publicado, estas sí que tienen un origen muy particular. Se trata de La Cascada y La Rivercada, esta última dedicada al gran vihuelista Juan Carlos Rivera.

 

 

Y ¿por qué se la dedicaste a Juan Carlos Rivera?

Juan Carlos ha sido el vihuelista que más he admirado. Un día, contacté con él a través de una red social, y así se lo dije por escrito. Hará unos meses, a raíz de una breve conversación que tuvimos, surgió en mí la idea de realizar una composición sobre el tema acerca del cual acabábamos de hablar. Ya hace unos años que él se jubiló como músico, y ahora se dedica a la fotografía. ¡Realiza unas fotos fantásticas! Ya le habría gustado a don Diego Velázquez reproducir fielmente el estilo de Rivera en sus lienzos. Si es que además, Juan Carlos, tiene apellido de pintor (risas).

 

¿Qué tratas de expresar entre sus líneas?

En nuestra conversación, hablamos sobre la necesidad de realizar actividades que nos hagan sentir bien, y especialmente en el momento de nuestra jubilación, con tal de mantener la mente activa y el cuerpo sano. Ello es, naturalmente, extensible a cualquier época de nuestra existencia. El tener una afición que nos haga sentir felices puede llegar a ser tan necesario como la entrada de dinero en nuestras casas. Y bueno; por ello titulé finalmente la pieza como La Rivercada, una mezcla entre el apellido de nuestro ilustre vihuelista y la palabra ricercare (en castellano, recercada), la cual significaría, más o menos, “buscar algo con afán”.

Ver La Rivercada 2021  (Video)

¿Hay algo más que desees añadir?

 

Pienso que todavía hay una serie de tabúes que nuestra sociedad tiene que superar. 

 

Por ejemplo, los estudiantes —tanto de música, como de cualquier disciplina— deberían poder estudiar sin miedo al error. Yo llegué a oír, por parte de algunos antiguos profesores míos de piano, algunas historias horribles sobre los castigos que llegaban a imponerles algunos profesores de conservatorio: uno de ellos llegó a explicarme que había tenido que aprender a tocar el piano con una moneda sobre el reverso de su mano derecha mientras tocaba; si la moneda caía, recibía un golpetazo en la mano. Estoy convencido de que estos métodos quedaron atrás ya hace mucho tiempo. Pero los estudiantes siguen teniendo miedo al error, cuando equivocarse es, en muchos casos, la única vía posible para el aprendizaje, el único camino hacia el conocimiento práctico, aquel que verdaderamente nos sirve para la vida. El conocimiento teórico de poco nos sirve, si jamás ha de ponerse en práctica. Estoy convencido de que muchas de las dolencias de nuestros alumnos, que los psicólogos diagnostican como “trastornos”, no son más que un no atreverse a auto expresarse por miedo a recibir algún tipo de represión, física o emocional.

 

También soy de los que piensa que los conciertos de la llamada “música clásica” deberían dejar de ser tan serios como lo han sido, en general, hasta ahora, o hasta hace poco. En mis primeros conciertos, y cuando aún no estaba de moda, empecé a incorporar la palabra para comunicarme con el público y romper el terrible hielo que, a menudo, puede sentirse entre el público y el escenario, sobretodo cuando el intérprete no ha dirigido al público ni una sola palabra durante todo el concierto. Tamaña seriedad fue probablemente adecuada cuando, siglos atrás, Luís de Narváez actuaba frente al emperador Carlos I, o cuando Franz Joseph Haydn actuaba frente al emperador Esterházy. Pero, hoy en día, pienso que debería ser diferente. Creo que rescatar algo de la frescura de los conciertos de la llamada “música moderna” podría hacernos mucho bien. Afortunadamente, ya existen grupos de jóvenes músicos trabajando en esta dirección.


Finalmente, me gustaría expresar que los compositores no tenemos por qué sentirnos obligados a seguir una estética que se supone que es, o debe ser, “la imperante” en nuestra época. Tan sólo deberíamos seguir aquella con la cual nos sentimos más cómodos o identificados. Los corsés pueden llegar a hacer mucho daño. Con decir esto, tampoco creo estar inventando nada. De lo contrario, jamás habrían existido los movimientos artísticos conocidos como “neoclásicos”, “neogóticos”, “neorrealistas”.

Muchas gracias por tu tiempo, Joaquim. Esperamos que, tanto tu artículo Los Autores Anónimos del Ramillete de Flores, como tu video La Rivercada 2021, sean del gusto de todos nuestros socios.

 

LOS AUTORES ANÓNIMOS DEL RAMILLETE DE FLORES

Disponible para descarga el análisis del manuscrito de música para vihuela llamado Ramillete de Flores, datado en 1593, por Joaquim Bogunyà Chesa.

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